Herramientas de accesibilidad

Skip to main content

Evitar lo Estress: ¿Estrategia incorrecta… o necesaria?

¿Cuántas veces has oído que no debes evitar lo que te estresa, sino enfrentarte a ello? 

La verdad es que esta idea -aunque bienintencionada- simplifica en exceso la complejidad de nuestra vida emocional. 

No todas las situaciones requieren una confrontación directa. 

No hay estrategias de enfrentamiento «buenas» o «malas». Hay estrategias que funcionan mejor o peor según el contexto. Y sólo probando podemos darnos cuenta de lo que realmente nos funciona. 

Hoy comparto contigo cuatro estrategias de evitación que, utilizadas con conciencia, pueden ser herramientas útiles para gestionar el estrés: 

Aprende a decir «NO».

Decir «sí» a todo y a todos es un camino seguro hacia el agotamiento. 

Empieza por distinguir lo que realmente te importa, y date permiso para decir «no» sin sentirte culpable. 

Reduce tu tiempo con las personas que te causan estrés 

Si alguien de tu entorno es una fuente constante de tensión y aún no has conseguido encontrar una solución eficaz, plantéate limitar el tiempo que pasas con esa persona. 

Controla tu entorno 

No siempre podemos cambiar todo lo que nos rodea, pero podemos hacer pequeños ajustes: 

Si ver las noticias te produce ansiedad, reduce ese tiempo. 

Si ir de compras es una fuente de estrés, explora las opciones online. 

Identifica tus desencadenantes y actúa sobre lo que puedas controlar. 

Simplifica tu agenda 

Revisa tus tareas diarias y pregúntate: «¿Esto es realmente necesario ahora?». 

Eliminar o posponer lo que no es urgente puede darte más espacio mental y emocional. 

Es importante destacar que la evitación por sí sola no debe ser la única estrategia. Si evitamos todo lo que nos causa malestar, esas situaciones se vuelven aún más difíciles de afrontar en el futuro. 

Pero con equilibrio y conciencia, puede ser una opción válida y útil. 

La confrontación no siempre es sinónimo de valentía. A veces, saber evitar es un signo de sabiduría. 

La Conciencia Parental

Ser padres no es solo una función biológica: es un viaje profundo de crecimiento personal, que requiere presencia, empatía, paciencia y conciencia. En este camino, la conciencia parental representa la capacidad de vivir la paternidad de manera reflexiva e intencional, yendo más allá de los automatismos, los modelos aprendidos o las presiones sociales.

No se trata solo de lo que se hace, sino sobre todo del por qué y del cómo se hace. Significa hacerse preguntas, reflexionar sobre las propias decisiones educativas, reconocer las emociones que surgen en la relación con los hijos e interrogarse sobre cómo influyen en la relación.

Es una actitud que implica:

  • escuchar profundamente, tanto a los hijos como a ti mismo;
  • autorreflexión, para no actuar solo en base a reacciones impulsivas o a esquemas familiares inconscientes;
  • intención, es decir, el acto de educar con un propósito claro y coherente con los valores que se quieren transmitir.

Modelos interiorizados

Muy a menudo, nuestra forma de ser padres está influenciada por los modelos que hemos interiorizado de niños: lo que hemos vivido con nuestros padres, para bien o para mal. La conciencia parental implica también el valiente acto de revisar estos modelos, para elegir conscientemente cuáles repetir, cuáles transformar y cuáles interrumpir.

Esta toma de conciencia puede ser incómoda, pero también liberadora: te permite no reaccionar de forma automática, sino elegir cada día qué tipo de padre o madre quieres ser.

Educar no es controlar

Un padre consciente sabe que educar no significa controlar, sino acompañar. No es una acción unidireccional de arriba hacia abajo, sino una relación viva, hecha de intercambio, escucha y crecimiento mutuo. Los hijos no son «modelables» según expectativas rígidas, sino seres únicos que hay que acoger, respetar y apoyar en su camino.

El poder del ejemplo

La conciencia parental nos recuerda que el ejemplo vale más que mil palabras. Los niños aprenden, ante todo, observando: cómo gestionamos el estrés, cómo afrontamos los conflictos, cómo comunicamos nuestras necesidades, cómo nos cuidamos a nosotros mismos. Un padre que trabaja en sí mismo, que pide perdón cuando se equivoca, que se muestra auténtico, transmite mucho más que mil reglas abstractas.

Ser padres conscientes no significa ser perfectos. Al contrario, significa aceptar la propia imperfección, aprender de los propios errores y saber cuestionarse. Es un acto de humildad y amor, que crea un clima relacional sano, basado en la confianza y el respeto mutuo.

La conciencia parental es, sin duda, un camino, no una meta. Requiere tiempo, dedicación y mucha amabilidad hacia uno mismo. Pero también es una de las experiencias más transformadoras que se pueden vivir. Porque, en el fondo, educar a un hijo también significa educarse a uno mismo: estar más presente, ser más humano, más auténtico.

Inteligencia Emocional en Empresa

¿Las empresas que invierten en el desarrollo de la inteligencia emocional se vuelven más competitivas y productivas? Una cultura que promueva un mayor bienestar psicológico aumentará la fidelización de los talentos de la empresa. Deberíamos invertir tiempo en comprender y gestionar mejor nuestras emociones, para poder usarlas en nuestro beneficio y no solo obedecer sin darnos cuenta.

¿Qué es la inteligencia emocional?

La inteligencia emocional puede definirse de varias maneras, pero una de las definiciones más utilizadas es la capacidad de reconocer, comprender y gestionar las propias emociones, así como la capacidad de reconocer, comprender e influir en las emociones de otras personas.

¿Es la inteligencia emocional más importante que la inteligencia mental? ¿Por qué?

El concepto de «inteligencia» se ha estudiado durante muchos decenios y varios autores le han dado diferentes definiciones. No existe un único tipo de inteligencia ni, en mi opinión, una inteligencia mejor que otra. Nuestra inteligencia «cognitiva», que suele estar más relacionada con operaciones lógico-matemáticas y con habilidades verbales y abstractas, tiene un peso muy importante en algunas áreas de nuestra vida. Sin embargo, la inteligencia emocional tiene una influencia muy fuerte y si es baja, aunque tengamos una inteligencia «cognitiva» más desarrollada, seremos más fácilmente blanco de desviaciones emocionales, tendremos más dificultades para afrontar las adversidades y tendremos poca capacidad para crear y mantener relaciones interpersonales. Por lo tanto, para mí no se trata tanto de una comparación, porque la base de comparación no es la misma, pero creo que la inteligencia emocional es un factor determinante para una vida más sana y satisfactoria.

¿El «control» de las emociones y los sentimientos puede conducir al éxito personal y profesional?

Nuestras emociones tienen un impacto directo en nuestra percepción, en el proceso de toma de decisiones y en los resultados que obtenemos en la vida cotidiana. Así que sí, si somos capaces de identificar y regular nuestros estados emocionales de una manera más beneficiosa y adaptativa, tendremos una ventaja a nivel personal y profesional. Por ejemplo, los psicólogos organizacionales Cary Cherniss y Robert Caplan revelaron que enseñar conciencia emocional a los asesores financieros de American Express Financial Advisors, que aprendieron a identificar sus reacciones emocionales en situaciones difíciles y a ser más conscientes de sus conversaciones internas improductivas, condujo a un aumento en los ingresos por asesor. El desarrollo de la conciencia emocional les ha permitido utilizar estrategias para abordar los problemas de forma más productiva, aumentando la eficacia de su trabajo.

¿Conocen las empresas y los empresarios el concepto de inteligencia emocional?

Por suerte, me doy cuenta de que este concepto está adquiriendo cada vez más importancia y relevancia en la comunidad empresarial. Colaboro con empresas que están invirtiendo cada vez más en la formación en estas competencias y otras que ya prevén fases de reclutamiento para tratar de medir las competencias socioemocionales de sus candidatos. Pero aún queda mucho trabajo por hacer, porque este concepto parece estar todavía en fase de descubrimiento para muchas empresas y solo como forma de formación complementaria. En otras palabras, pocas empresas son aún conscientes del potencial de una inversión continua en formación sobre inteligencia emocional para sus líderes y empleados. Actualmente, los programas de formación son más bien puntuales, a menudo en forma de pequeños talleres.

¿Puede la inteligencia emocional contribuir a aumentar la competitividad de las PMI?

Sí, las empresas que invierten en el desarrollo de la inteligencia emocional se vuelven más competitivas y productivas. Ya existe literatura sobre esta relación, lo que ha llevado a una mayor conciencia de la importancia de desarrollar este tema. Por ejemplo, en Harvard Business Review apareció por primera vez el tema de la «inteligencia emocional colectiva», que consiste en la forma en que los miembros de equipos emocionalmente inteligentes responden de manera constructiva a situaciones de malestar: se influyen mutuamente de manera positiva, obtienen mejores resultados y sienten mayor satisfacción al trabajar juntos. Los equipos que consiguen gestionarse de esta manera son mucho más productivos que los que no lo consiguen.

Una de las principales dificultades de las empresas es crear y retener el talento. ¿Puede la inteligencia emocional ayudar a mejorar esta situación?

Si consideramos algunas de las principales razones por las que las empresas pierden talento, podemos ver el valor añadido del desarrollo de una cultura emocional inteligente. Muchas empresas pierden empleados con talento debido a una mala gestión de las expectativas, la falta de reconocimiento (no solo monetario, sino también en términos de respeto por su trabajo), una visión deficiente del futuro, un liderazgo deficiente, un mal ambiente de trabajo y las injusticias diarias, entre otros motivos. Una cultura que promueva un mayor bienestar psicológico, en la que los empleados adquieran herramientas para gestionar mejor el estrés y las adversidades, en la que aprendan el impacto que su comportamiento tiene en los demás, en la que se cree un buen ambiente de equipo y en la que se tengan en cuenta sus necesidades, aumentará la fidelización de los talentos de la empresa.

Un gran pintor llamado Vincent van Gogh dijo lo siguiente: «No olvidemos que las emociones son los grandes capitanes de nuestra vida, les obedecemos sin darnos cuenta». En la vida cotidiana, pensamos que todas nuestras decisiones se toman basándonos en la lógica y el pensamiento. Pero esto es una idea errónea: siempre estamos influenciados por los estímulos que nos rodean y por nuestras emociones. La inteligencia emocional puede ayudarnos a ser más conscientes del impacto de las emociones en nuestra percepción y, por lo tanto, a tomar mejores decisiones para nosotros mismos y para los demás. La conclusión es que deberíamos invertir algo de tiempo en comprender y gestionar mejor nuestras emociones, para poder utilizarlas en nuestro beneficio y no solo obedecer sin darnos cuenta.